Violencias machistas
Violencias machistas: no hace falta que haya golpes
Cuando se habla de violencia machista pensamos en golpes. Y los hay. Pero la mayor parte de las situaciones de violencia machista no dejan marca a la vista. La violencia no es solo lo que se ve desde fuera: es cuando una persona controla, vigila y decide por la otra, aunque nunca levante la mano.
Un relato que se repite
Una persona cuenta que su pareja lleva las cuentas de todo y exige explicaciones de cada gasto. Que revisa el móvil. Que pregunta con quién ha estado y por qué ha vuelto a esa hora. Y que, cuando ella discrepa, le dice que exagera, que malinterpreta todo y que está emocionalmente inestable. Después llega la amenaza de fondo: todo lo que vas a perder, todas las consecuencias (ya sean económicas, sociales, la custodia de los niños...).
Poniendo nombre a las violencias del relato
Suelen venir varios indicadores juntos, y es la suma lo que importa:
- Control económico: quien administra el dinero y exige explicaciones de cada gasto.
- Vigilancia: llamadas y mensajes para revisar dónde estás, con quién y qué haces.
- Cuestionar tus decisiones: cómo te organizas, cómo trabajas, cómo crías.
- Desvalorización: que te digan que exageras, que malinterpretas todo, que estás emocionalmente inestable.
- Amenazas: consecuencias de todo tipo si no haces las cosas bien o a su manera, lo que vas a perder.
Algunas de estas situaciones, por separado, podrían parecer un malentendido de pareja. Juntos, configuran una dinámica de control.
Entendiendo por qué "ella también tiene actitudes cuestionables"
Con el tiempo, esa persona empieza a reducir sus relaciones, a ocultar gastos, a avisar de dónde va y a anticipar cualquier cosa que pueda provocar una mala reacción. Desde fuera se puede leer como "le miente a su pareja" o "se está aislando sola".
Lo que no se suele ver es la estrategia de supervivencia: una manera de evitar el conflicto dentro de una situación que se percibe como amenazante. Que alguien oculte un gasto para no provocar una escena no demuestra que el control sea de los dos lados: puede que haya un lado del que hay que protegerse.
Lo que suele sonar alrededor
Quien lo cuenta casi siempre se encuentra con las mismas frases:
- "Es que los dos tenéis problemas de comunicación." Convierte un asunto de poder en un tema de conversación.
- "Si no hay golpes, no es violencia." Deja fuera el control económico, el aislamiento, las amenazas y la desvalorización, que es justo lo que ocurre en la mayoría de los casos.
- "Puede que sea una persona insegura." Explicar el porqué no cambia el qué: sigue exigiéndote cuentas.
- "También ella le oculta gastos." Ocultar para evitar una reacción no es lo mismo que exigir que justifique cada gasto.
- "Ella decide quedarse." Ignora todo lo anterior.
Tres preguntas que ayudan
Cuando el asunto se enreda, conviene volver a lo concreto:
- ¿Qué diferencia hay entre preocuparse por la economía familiar y exigir a tu pareja que justifique determinados gastos?
- ¿Qué efecto tiene sobre alguien tener que cambiar continuamente de comportamiento para evitar la reacción de la otra persona?
- ¿Qué conductas aparecen, qué efecto tienen y qué margen de libertad está teniendo esa persona para tomar decisiones?
Escuchar sin dar lecciones
A quien lo vive no le hace falta que le expliques por qué debería irse. Necesita que la escuchen sin juzgar, que respeten su momento y que le faciliten información y recursos.
Si alguien te cuenta algo así:
- No preguntes "¿y por qué no te vas?".
- Cree lo que te cuenta, aunque no lo cuente todo ni con las fechas exactas.
- Acompáñale a buscar ayuda: el teléfono 016 atiende de forma gratuita y confidencial, y no deja rastro en la factura del móvil. Si hay peligro inmediato, el 112.
Y si te has reconocido en lo que has leído: pedir ayuda no significa haber decidido nada. Significa entender qué te está pasando, en un espacio donde no tengas que justificarte.
Si quieres consultarlo, escríbeme y lo vemos con calma.